martes, 27 de noviembre de 2012

Sociedad vs Individualidad


Uno de los aspectos más interesantes a la hora de hacer un ensayo en grupo es que cada uno puede aportar sus propias experiencias. Iranzu contó que este verano, entre zapping y zapping, acabó viendo un programa sobre música. No es raro que ella acabe viendo este tipo de programas, siempre le interesa todo lo que tenga que ver con este tema. Pero éste era diferente, le impresionó. Este programa, además de la parte musical, integraba la parte humana. El proyecto se llamaba, y a día de hoy se llama, la Orquesta del Diván Este-Oeste. En dicho proyecto se integraban músicos de distintas nacionalidades: palestinos, israelíes, sirios, egipcios, españoles, etc. El objetivo era que nacionalidades tan diferentes (y en ocasiones rivales) tocaran juntas, se conocieran y se respetaran. La experiencia en palabras de los integrantes fue extremadamente positiva. Al estar juntos se dieron cuenta de que los enemigos nacionales de cada patria eran personas como ellos, valiosas, grandes amigos, músicos excelentes, y mejores personas. Si la música es capaz de unir a gente tan distinta, la experiencia de esta orquesta debe sugerirnos que la convivencia pacífica mundial entre razas es tan simple como la búsqueda de intereses y aficiones comunes. En estas experiencias vitales es cuando de repente, uno se da cuenta de la importancia de convivir felizmente con los demás, tanto con los amigos como con desconocidos para desarrollar la propia felicidad. Valorar a los demás es tan importante como valorarse a uno mismo. Valorar la propia vida, la vida humana.

 

A pesar de la superficialidad, violencia y materialismo de la sociedad, continuamente se nos muestra esta necesidad de poner la vida por delante de ideologías, razas, modas, sexo, políticas, criterios económicos, enfermedades, etc. El cine nos lo muestra a menudo. En la película El Aceite de la Vida, se muestra la tenacidad de un matrimonio por derrotar la enfermedad de su hijo, negándose a aceptar la muerte irremediable de éste. El protagonista de Intocable lucha por seguir viviendo dignamente a pesar de su enfermedad. Ablación de clítoris, torturas en Guantánamo, cheque bebé, despidos laborales, tráfico humano, el asesinato de Martin Luther King, compaginar la vida laboral y familiar, anorexia en las pasarelas, terrorismo, declaración de los derechos humanos, pena de muerte, recortes sanitarios.

 

Todos podríamos decir qué acciones respetan la vida, cuáles la promueven, cuáles la entorpecen y cuáles atentan contra ella.  El promover unos u otros criterios, ideologías y comportamientos depende de todos, está en manos de cada uno. La sociedad es el conjunto de estas ideologías y pensamientos, pero todos formamos parte de ella como individuos y lo que cada cual piense o defienda va en pro o en contra de la misma, la define. El objetivo de toda sociedad que pretenda mejorar es promover el respeto, dignidad, libertad, amparando a cada ciudadano, para que éste pueda dar a su vez lo mejor de sí mismo. Los músicos de la Orquesta del Diván dan lo mejor de sí mismos porque se sienten valorados y aceptados en el proyecto. Si cada uno nos sintiéramos así dentro de la sociedad seríamos capaces de ver a los demás como personas, iguales que nosotros, no simplemente individuos ajenos a nuestro entorno, sintiéndonos parte de ese  gran engranaje llamado sociedad.
 

 

Agradecer la colaboración de Iranzu García Machín y Natalia Salinas Bazán en la realización de este ensayo.

 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Ser familia no es difícil


En mi casa cuando hablamos de familia, nos referimos todos los miembros que la formamos, sin olvidar a nadie, nada de padres e hijos, familia incluye padres, hermanos, abuelos, tíos, hijos, nietos, sobrinos y primos. Familia somos todos, sin olvidar a nadie.

Es reconfortante lo unidos que hemos estado siempre, la confianza que reina, que unos depositamos en otros, el saludable hábito de ayuda, la gratitud, las risas de felicidad. Tengo la suerte de ser participe en este círculo. Desde que yo nací ha sido así, y desde luego que ha habido algún momento peor, pero todo pasa, y nos quedamos con lo mejor.

Dicen que la familia requiere un esfuerzo, una entrega, un dar constante, y sin embargo a mí nunca me lo ha parecido. Para mí el cuidado de la familia es simplemente ser uno mismo, simplemente que uno de lo mejor de sí mismo a los que llevan toda su vida dándole tanto. A mi parecer eso no es un esfuerzo o una tarea, simplemente sale solo ayudar a tu hermano, ir a recoger a tus primos de la escuela, dar gracias a tu tío, ponerle la mesa a tu abuela… y todo ese tipo de tareas diminutas que ayudan a que esto siga adelante.  ¿Por qué ha de suponerme esfuerzo algo que llevo toda la vida haciendo?

He aquí la clave de todo ello, la educación. A quien educan con un valor o con un hábito, llevarlo a cabo no le supone apenas esfuerzo, porque es algo que hace en su vida cotidiana. Cojamos un ejemplo más cercano para explicarlo como el hecho de ser ordenado, a quien sus padres les enseñan a ser ordenado y lo toma como hábito, no le cuesta nada recoger su habitación día a día. En el otro extremo encontramos a esa persona desordenada, que siempre le da pereza recoger. De hecho el pro de todos los malos hábitos es la pereza, que solo hace que cada día te cueste más ordenar tu habitación porque cada día la tienes más desordenada y tienes más cosas que recoger. Es un círculo vicioso del que solo se sale con empeño. La adquisición de hábitos facilita la realización de una tarea, no es necesario poner tanto empeño o fuerza de voluntad, puesto que se trata de una conducta habitual. Lo mismo sucede con virtudes como la gratitud, la amabilidad, el apoyo y ayuda a los demás entre otras, una vez adquiridas no supone esfuerzo ponerlas en práctica, salen solas.

Hay que tener en cuenta que a la familia también le ha costado trabajo y firmeza educar a todos los allegados, y que aunque diga que a mí no me supone trabajo, supongo que en su día la adquisición de hábitos y valores algo de trabajo me supuso. También partía de una excepcional base, la buena relación que ya mis abuelos crearon en el entorno familiar; en realidad la calidad familiar proviene de la preocupación y el esfuerzo de la figura de mi abuela, sin duda, con la educación otorgada a sus hijos, y la respuesta que recibió de estos cuando cada uno de ellos aportó su granito de arena.

No quiero que se malinterprete el hecho de que no suponga esfuerzo con que no sea necesario hacer nada para que la familia vaya viento en popa. A la familia, por supuesto, hay que cuidarla, visitarla con la frecuencia que sea posible, organizar eventos juntos como cumpleaños, compartir las Navidades... En definitiva, hay que dedicarle tiempo, como a todo en esta vida. Y no solo compartir momentos, sino compartirlos con lo mejor de nosotros mismo con ilusión, amabilidad, gratitud, con todo lo que cada uno como la persona diferente y única que somos, podamos aportar a este círculo familiar, haciendo de él una fuente de confianza y apoyo constante.
 
 

viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Elegimos o eligen?


Es innegable la necesidad de comer. La cuestión es qué y cómo comer, cultura, costumbres y principios son los factores que determinan el tipo de alimentación.

Desde jamón serrano, chorizo ibérico, pechuga de pollo y hasta un buen solomillo. La mayoría de personas tenemos por costumbre consumir carne al menos una vez al día, y su cantidad de proteínas la hacen un alimento importante para una alimentación sana y equilibrada. Sin embargo hay quien se resiste a su consumo, más conocidos como vegetarianos o veganos según el caso. Vegetarianos se resisten al consumo de carne animal, permitiéndose el consumo de huevos o leche. En el caso de los veganos es mucho más que una simple dieta o hábito alimentario, tratan de evitar la matanza, explotación, y daño de los animales.

La superpoblación del mundo requiere muchos alimentos para cubrir las necesidades de toda persona. Traducido para un vegano requiere el sacrificio de cantidades inimaginables de animales, después de cebarlos para que produzcan más carne, o forzarlos para aumentar la producción de leche y huevos. Ambos estilos buscan una vida natural y en armonía con la naturaleza, respetando a todo ser vivo y no solo a los de la misma especie.

En contraposición a esto encontramos el canibalismo, comer a los de su propia especie, se han dado casos muy aislados sobre esta ideología, en ocasiones por necesidad de supervivencia, en otras por costumbres en tribus australianas.

Y en el punto medio, la virtud según dicen, es donde nos encontramos la mayoría, los comedores omnívoros. Sin embargo, entre los comedores carne también hay discrepancia sobre el consumo de unos y otros tipos, marcada por cultura y religiones. Para nosotros, los españoles, nos es impensable comer carne de perro, “ay, pobre perro”, pensamos. Mientras en otros países como China, en su día comer perro fue habitual a pesar de que fuesen animales de compañía; (aunque hoy en día se continúa comiendo, solo se toman unas determinadas razas). O Indonesia donde la carne de perro se reserva para celebraciones especiales.

Imagínense que ahora les ponen una rata frita o la parrilla con patatas en su plato, ustedes no sé, pero al menos a mi se me iría el hambre de un plumazo, pues bien, si se han quedado con las ganas de probarlo pueden ir a Vietnam, donde es un exótico manjar, y más consumido que la carne de cerdo por su precio.

Quien haya visto la película de Indiana Jones y el templo maldito, seguro que recuerda la secuencia en la que Indiana está presente en un banquete en el que le sirven para comer serpientes rellenas de serpiente, sesos de simio, y una sopa con ojos flotantes. Un menú que sin duda revuelve el estómago, y que Indiana es incapaz de tomar. Por increíble que parezca, este menú no es un disparate para todo el mundo, la carne de serpiente es un manjar en lugares como China.

Por último, en lo referente a las religiones el consumo de determinadas carnes no está permitido, por ejemplo en el hinduismo la vaca es considerada como un animal sagrado. En el islam no está permitido comer carne de cerdo. O en el judaísmo donde camello, conejo, liebre y cerdo son considerados animales impuros.

El consumo de carne y de determinadas carnes se basa en los diferentes estilos de vida, cada uno de ellos es respetable y comprensible a excepción del canibalismo. Cada individuo come de la manera que considera correcta. La capacidad y libertad de elegir qué y cómo comer no es una decisión que radica totalmente en la persona, sino que está muy limitada por el componente cultural y geográfico. La cultura en la que estamos inmersos condiciona, de manera inconsciente, el modo de concebir o pensar. Como he citado anteriormente comer serpientes o determinadas razas de perros nos puede parecer bastante desagradable, y sin embargo si hubiésemos nacido y crecido en una ciudad oriental probablemente nos las comeríamos como un plato excepcional.
 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Valorar lo verdaderamnete importante


La vida es una consecución de días repletos de oportunidades y circunstancias. Cada cual elige, la moldea, dándole su particular forma y sentido. En el siglo presente, al parecer el siglo del estrés, los días de las personas se han convertido en una sucesión de tareas, obligaciones, eventos, etc., que limitan, en muchos casos, a la persona en realización de las mismas.

La competencia está en auge, cada persona se dedica al cultivo exclusivo de habilidades y aptitudes, a la mejora y formación de uno mismo, ocupando totalmente  el tiempo con ello. A la par, el ferviente consumismo llena los pensamientos, invade esa parte susceptible del cerebro y convierte el consumo en un impulso, una supuesta necesidad que creemos real. El inconformismo humano nos caracteriza y nos lleva a gastar tanto en lo que ni tan siquiera necesitamos.

Se trata de una postura radical, en la que no se puede incluir ni a la mayoría de jóvenes ni incluso a la sociedad en general. Parece imposible negar el ritmo de vida acelerado  que lleva la sociedad, paso ligero por las calles, auge de la comida rápida, resolución instantánea y de dudosa eficacia de problemas, etc. Aunque la competencia y el consumismo no es un rasgo tan característico, o al menos no tan notable, están ahí, latentes, hasta que un día despiertan. Son característicos de momentos o temporadas concretas de la vida, en los que la persona se centra perseverantemente en la mejora de si misma o en la exclusiva adquisición de bienes.

Convertirse en un buen médico o arquitecto, hablar chino con soltura, tener un master en informática, etc. La superación y mejoría de uno mismo da satisfacción y seguridad, y ello conduce a la felicidad, pero quizás nos olvidemos de algo. Por otro lado lo material proporciona un determinado estilo de vida, y aunque pueda conducir a la felicidad, se tratará de una felicidad tan efímera que se desvanecerá al poco tiempo.

Centrar la vida en otros aspectos, implica en ocasiones olvidarse de lo realmente importante, las personas. Acostumbrase a la presencia del resto y dejar de interaccionar o preocuparse por su vida. La verdadera felicidad  radica en las relaciones entre personas, uno no es feliz por si solo, sino con los demás. Por ello es importante cuidar de las relaciones, ser cordial, amable, agradecido, ayudar… La felicidad es el objetivo final de todo ser, y conseguirla está en las manos de cada cual, en el trato con los demás.