Es innegable la necesidad de comer. La cuestión es qué y cómo
comer, cultura, costumbres y principios son los factores que determinan el tipo
de alimentación.
Desde jamón serrano, chorizo ibérico, pechuga de pollo y hasta un buen solomillo. La mayoría de
personas tenemos por costumbre consumir carne al menos una vez al día, y su cantidad de proteínas la hacen un alimento importante para una alimentación
sana y equilibrada. Sin embargo hay quien se resiste a su consumo, más
conocidos como vegetarianos o veganos según el caso. Vegetarianos se
resisten al consumo de carne animal, permitiéndose el consumo de huevos o
leche. En el caso de los veganos es mucho más que una simple dieta o hábito
alimentario, tratan de evitar la matanza, explotación, y daño de los animales.
La superpoblación del mundo requiere muchos alimentos para
cubrir las necesidades de toda persona. Traducido para un vegano requiere el
sacrificio de cantidades inimaginables de animales, después de cebarlos para
que produzcan más carne, o forzarlos para aumentar la producción de leche y
huevos. Ambos estilos buscan una vida natural y en armonía con la naturaleza,
respetando a todo ser vivo y no solo a los de la misma especie.
En contraposición a esto encontramos el canibalismo, comer a
los de su propia especie, se han dado casos muy aislados sobre esta ideología,
en ocasiones por necesidad de supervivencia, en otras por costumbres en tribus
australianas.
Y en el punto medio, la virtud según dicen, es donde nos
encontramos la mayoría, los comedores omnívoros. Sin embargo, entre los
comedores carne también hay discrepancia sobre el consumo de unos y otros
tipos, marcada por cultura y religiones. Para nosotros, los españoles, nos es
impensable comer carne de perro, “ay, pobre perro”, pensamos. Mientras en otros
países como China, en su día comer perro fue habitual a pesar de que fuesen
animales de compañía; (aunque hoy en día se continúa comiendo, solo se toman unas
determinadas razas). O Indonesia donde la carne de perro se reserva para celebraciones
especiales.
Imagínense que ahora les ponen una rata frita o la parrilla
con patatas en su plato, ustedes no sé, pero al menos a mi se me iría el hambre
de un plumazo, pues bien, si se han quedado con las ganas de probarlo pueden ir
a Vietnam, donde es un exótico manjar, y más consumido que la carne de cerdo
por su precio.
Quien haya visto la película de Indiana Jones y el templo
maldito, seguro que recuerda la secuencia en la que Indiana está presente en un
banquete en el que le sirven para comer serpientes rellenas de serpiente, sesos
de simio, y una sopa con ojos flotantes. Un menú que sin duda revuelve el
estómago, y que Indiana es incapaz de tomar. Por increíble que parezca, este
menú no es un disparate para todo el mundo, la carne de serpiente es un manjar
en lugares como China.
Por último, en lo referente a las religiones el consumo de determinadas
carnes no está permitido, por ejemplo en el hinduismo la vaca es considerada
como un animal sagrado. En el islam no está permitido comer carne de cerdo. O en
el judaísmo donde camello, conejo, liebre y cerdo son considerados animales
impuros.
El consumo de carne y de determinadas carnes se basa en los
diferentes estilos de vida, cada uno de ellos es respetable y comprensible a
excepción del canibalismo. Cada individuo come de la manera que considera
correcta. La capacidad y libertad de elegir qué y cómo comer no es una decisión
que radica totalmente en la persona, sino que está muy limitada por el componente
cultural y geográfico. La cultura en la que estamos inmersos condiciona, de manera inconsciente,
el modo de concebir o pensar. Como he citado anteriormente comer serpientes o
determinadas razas de perros nos puede parecer bastante desagradable, y sin
embargo si hubiésemos nacido y crecido en una ciudad oriental probablemente nos
las comeríamos como un plato excepcional.
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