domingo, 25 de noviembre de 2012

Ser familia no es difícil


En mi casa cuando hablamos de familia, nos referimos todos los miembros que la formamos, sin olvidar a nadie, nada de padres e hijos, familia incluye padres, hermanos, abuelos, tíos, hijos, nietos, sobrinos y primos. Familia somos todos, sin olvidar a nadie.

Es reconfortante lo unidos que hemos estado siempre, la confianza que reina, que unos depositamos en otros, el saludable hábito de ayuda, la gratitud, las risas de felicidad. Tengo la suerte de ser participe en este círculo. Desde que yo nací ha sido así, y desde luego que ha habido algún momento peor, pero todo pasa, y nos quedamos con lo mejor.

Dicen que la familia requiere un esfuerzo, una entrega, un dar constante, y sin embargo a mí nunca me lo ha parecido. Para mí el cuidado de la familia es simplemente ser uno mismo, simplemente que uno de lo mejor de sí mismo a los que llevan toda su vida dándole tanto. A mi parecer eso no es un esfuerzo o una tarea, simplemente sale solo ayudar a tu hermano, ir a recoger a tus primos de la escuela, dar gracias a tu tío, ponerle la mesa a tu abuela… y todo ese tipo de tareas diminutas que ayudan a que esto siga adelante.  ¿Por qué ha de suponerme esfuerzo algo que llevo toda la vida haciendo?

He aquí la clave de todo ello, la educación. A quien educan con un valor o con un hábito, llevarlo a cabo no le supone apenas esfuerzo, porque es algo que hace en su vida cotidiana. Cojamos un ejemplo más cercano para explicarlo como el hecho de ser ordenado, a quien sus padres les enseñan a ser ordenado y lo toma como hábito, no le cuesta nada recoger su habitación día a día. En el otro extremo encontramos a esa persona desordenada, que siempre le da pereza recoger. De hecho el pro de todos los malos hábitos es la pereza, que solo hace que cada día te cueste más ordenar tu habitación porque cada día la tienes más desordenada y tienes más cosas que recoger. Es un círculo vicioso del que solo se sale con empeño. La adquisición de hábitos facilita la realización de una tarea, no es necesario poner tanto empeño o fuerza de voluntad, puesto que se trata de una conducta habitual. Lo mismo sucede con virtudes como la gratitud, la amabilidad, el apoyo y ayuda a los demás entre otras, una vez adquiridas no supone esfuerzo ponerlas en práctica, salen solas.

Hay que tener en cuenta que a la familia también le ha costado trabajo y firmeza educar a todos los allegados, y que aunque diga que a mí no me supone trabajo, supongo que en su día la adquisición de hábitos y valores algo de trabajo me supuso. También partía de una excepcional base, la buena relación que ya mis abuelos crearon en el entorno familiar; en realidad la calidad familiar proviene de la preocupación y el esfuerzo de la figura de mi abuela, sin duda, con la educación otorgada a sus hijos, y la respuesta que recibió de estos cuando cada uno de ellos aportó su granito de arena.

No quiero que se malinterprete el hecho de que no suponga esfuerzo con que no sea necesario hacer nada para que la familia vaya viento en popa. A la familia, por supuesto, hay que cuidarla, visitarla con la frecuencia que sea posible, organizar eventos juntos como cumpleaños, compartir las Navidades... En definitiva, hay que dedicarle tiempo, como a todo en esta vida. Y no solo compartir momentos, sino compartirlos con lo mejor de nosotros mismo con ilusión, amabilidad, gratitud, con todo lo que cada uno como la persona diferente y única que somos, podamos aportar a este círculo familiar, haciendo de él una fuente de confianza y apoyo constante.
 
 

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