jueves, 22 de noviembre de 2012

Valorar lo verdaderamnete importante


La vida es una consecución de días repletos de oportunidades y circunstancias. Cada cual elige, la moldea, dándole su particular forma y sentido. En el siglo presente, al parecer el siglo del estrés, los días de las personas se han convertido en una sucesión de tareas, obligaciones, eventos, etc., que limitan, en muchos casos, a la persona en realización de las mismas.

La competencia está en auge, cada persona se dedica al cultivo exclusivo de habilidades y aptitudes, a la mejora y formación de uno mismo, ocupando totalmente  el tiempo con ello. A la par, el ferviente consumismo llena los pensamientos, invade esa parte susceptible del cerebro y convierte el consumo en un impulso, una supuesta necesidad que creemos real. El inconformismo humano nos caracteriza y nos lleva a gastar tanto en lo que ni tan siquiera necesitamos.

Se trata de una postura radical, en la que no se puede incluir ni a la mayoría de jóvenes ni incluso a la sociedad en general. Parece imposible negar el ritmo de vida acelerado  que lleva la sociedad, paso ligero por las calles, auge de la comida rápida, resolución instantánea y de dudosa eficacia de problemas, etc. Aunque la competencia y el consumismo no es un rasgo tan característico, o al menos no tan notable, están ahí, latentes, hasta que un día despiertan. Son característicos de momentos o temporadas concretas de la vida, en los que la persona se centra perseverantemente en la mejora de si misma o en la exclusiva adquisición de bienes.

Convertirse en un buen médico o arquitecto, hablar chino con soltura, tener un master en informática, etc. La superación y mejoría de uno mismo da satisfacción y seguridad, y ello conduce a la felicidad, pero quizás nos olvidemos de algo. Por otro lado lo material proporciona un determinado estilo de vida, y aunque pueda conducir a la felicidad, se tratará de una felicidad tan efímera que se desvanecerá al poco tiempo.

Centrar la vida en otros aspectos, implica en ocasiones olvidarse de lo realmente importante, las personas. Acostumbrase a la presencia del resto y dejar de interaccionar o preocuparse por su vida. La verdadera felicidad  radica en las relaciones entre personas, uno no es feliz por si solo, sino con los demás. Por ello es importante cuidar de las relaciones, ser cordial, amable, agradecido, ayudar… La felicidad es el objetivo final de todo ser, y conseguirla está en las manos de cada cual, en el trato con los demás.



 

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